jueves, 9 de febrero de 2012

capitulo 12

Me levanté de la cama tambaleándome un poco y salí de mi habitación. Bajé hasta la cocina, pero nada más entrar di un salto hacía atrás. Pude encontrarme a seis o siete chicos registrando todos los cajones y abriendo una y otra vez la nevera.

Diferencié a mi hermano, quien estaba delante de la encimera preparando un montón de vasos de leche. Había café en polvo esparcido por todas las encimeras. Aquello era un asco.



-¡Jack! –La sala entera se quedó mirándome, pero no tardaron en pasar de mí y seguir con sus tareas. Me acerqué a mi hermano. -¿Qué es todo este barullo?

-Estamos preparándonos el desayuno. –Dijo con una sonrisa algo falsa. -¿Quieres leche? –Intentó cambiar de tema.

-¡No, no quiero leche! Quiero que todos tus amigos se vayan de aquí ya.

-¡Pero no puedo Cady! –Dejó estar la leche y se arrodilló ante mí. –Por favor, deja se queden hasta la hora de comer, y se van, por favor.

-Jack… -Me crucé de brazos desconfiada.

-¡Te lo juro! Por favor Cady, y haré lo que tu me digas…

-¿Lo que yo quiera? –Me convencí un poco más

-Lo que sea.

-Está bien, me pensaré que favor me puedes hacer. Mientras tanto, que se queden. –Jack se levantó de un salto. -¡Pero a la hora de comer les quiero a todos fuera!

-Si mi capitán.







Me senté forzada por mí hermano en la gran mesa, donde se encontraban todos los chicos. Estos se pusieron a comer y hablar como cerdos, mientras yo me dedicaba a observarlos uno por uno. A los únicos que conocía eran a Jack y Danny.

Me quedé inspeccionando al chico de rulos y grandes ojos azules. Engullía como ninguno otro, mientras hablaba al mismo tiempo. Durante un segundo se atragantó, pero no tardo en recuperar el aliento y en seguir comiendo. Daniel se percató de mi mirada, y se limitó a sonreírme con otros de galletas entre los dientes. Reí con ganas.



-Oye Jack, ¿Cómo se llama tu hermana? –Preguntó uno de los chicos sentado a la otra parte. Le miré con cara de póker. Era horrendamente feo y estaba lleno de granos.

-Cady, ¿por?

-Podrías hacer presentaciones. –Me guiñó un ojo.



Puse cara de asco. Supongo que en aquel momento era algo egoísta, pero odiaba estar rodeada de tanto pene. Me levanté de la mesa mientras sonreía para disimular.



-Me voy a que me de un poco el aire. –Dije echándole una última mirada de asesina al chico granudo.



Fui hasta la puerta principal y salí al jardín. Atravesé la verja y me senté en el bordillo de la acera. Miré callada como pasaban coche tras coche, cada uno de diferente forma y color. Bajé la vista y me dediqué a observar mis converse algo desgastadas.

Oí como se abría la puerta a mis espaldas, pero no hice caso. Seguramente era Jack, que venía a intentar convencerme de que entrara. Suspiré antes de decir nada mientras acariciaba el cordón de mi zapatilla.



-Jack, sabes que tus amigos no me han caído nunca bien. –Oí como carraspeaba y sus pasos se acercaban a mí. –Se que a ti tampoco te a caído nunca bien mis amigas, sobre todo Melanie, pero es que los tuyos son… estúpidos. Todos.

-¿Me incluye a mí? –Escuché una voz ronca la cual no era la de mi hermano. Me giré de golpe asustada y pude diferenciar los rizos de Danny.

-¡Danny, no vuelvas a hacer eso jamás! –Dije mientras me colocaba una mano en el pecho.

-Lo siento. –Rió con su peculiar risa y se sentó a mi lado. –Entonces, ¿eso es que yo también te caigo mal?

-Yo no he dicho que me caigas mal.

-Si lo has dicho. –Le miré. –Has dicho que todos los amigos de Jack te caen mal, y yo soy amigo suyo.

-Ya, pero me refiero a los otros. –Aparté la vista de el y miré a la carretera. –Tu en el fondo de caes bien.

-¿En el fondo? –Levantó una ceja.

-Eres demasiado bromista. –Me miró pidiendo con la mirada que me explicara. –Quiero decir, que por ejemplo, ayer cuando me tiraste la botella de champán encima no me hizo mucha gracia.

-Ya te dije que lo siento, además, te presté una camisa. –Me sonrió pidiendo las paces.

-Y lo de ayer por la noche, te sobrepasaste demasiado. –Dije mirándole acusador.

-¿Sobrepasarme con que?

-¿No te acuerdas? –Levanté una ceja. El negó con la cabeza. –Ah, nada. Estuviste rondando por los pasillos toda la noche y no parabas de molestarme.

-Ah, eso no pasa nada. –Dijo tranquilo mientras se volvía a levantar. -¿Te vienes dentro?

-No, creo que me quedo aquí un rato más, estoy cómoda. –Dije levantando la cabeza para poder verle. –Luego nos vemos.



El dio un cabezazo asintiendo y entro de nuevo a la casa. Me quedé allí, pensando en nada y aguantando el poco frío que hacía aquel día. Había sido extraño que los días anteriores hiciera sol, aunque fuera Londres. Y la verdad, añoraba la lluvia y el frío, ya que yo con calor, no puedo vivir. Es asqueroso.

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