jueves, 9 de febrero de 2012

capitulo 3

-Qué día más agotador… -Dijo Mel tirándose sobre mi sofá, sin dejarme sitio.

-Si… pero te recuerdo que duermes en tu casa. –Le avisé apartando sus pies.

-¡Pero Cady! En casa me siento muy sola.

-Me parece bien, pero yo no voy ha aguantarte a ti y a mi hermano esta noche. Además, tú roncas.

-¡Yo no ronco! –Me gritó golpeándome en el brazo. –Por favor Cady…

-Hoy no Mel. –Dije suspirando y viendo entrar a mi hermano en casa. –Si quieres mañana, pero hoy no me apetece.

-Bicho cruel. –Criticó ella levantándose de golpe y cogiendo su bolsa. –Me voy a MI casa, yo SOLA. –Pasó por el lado de mi hermano mientras el la miraba con curiosidad. -¡Adiós mundo cruel!

-¡Adiós! –Dije felizmente mientras ella daba un portazo. –Que maja…

-¿Esa es Melanie? –Preguntó Jack acoplándose en el sillón.

-Si ya la conoces.

-Que grande se ha hecho. –Suspiró y me miró. –Haz la cena.

-¡No! Hoy te toca a ti. –Le dije quitándome los zapatos y acostándome en el sofá. –Y no me hagas pizza fría.



Suspiró perezosamente. Se levantó sin ganas y fue hasta la cocina. Mientras yo, comencé a pasar canal por canal, sin nada interesante que ver. Al cabo de cinco minutos, oí a mi hermano gritar. Me levanté de golpe y corrí hacía la cocina, pero antes de llegar, la luz se fue. Me estampé contra la pared intentando encontrar al idiota de mi hermano.



-¡Jack! –Grité buscando su respuesta.

-¡Qué!

-¡Qué demonios has hecho!

-Tuve un pequeño accidente. –Dijo encendiendo la linterna y encontrándome más cerca de lo que pensaba. –Creo que me he cargado los plomos.

-¡Estúpido! –Le dije golpeándolo. -¡Arréglalo! ¡Yo ahora me voy a dormir, y como mañana por la mañana no vaya, te arrepentirás!

-Pero no has cenado…

-¡Da igual! –Pasé del tema levantando mi cara con superioridad. -¡Tengo galletas en el cajón de la mesita de noche! ¡Buenas noches!

-¡Espera! –Me pidió siguiéndome. –Yo quiero galletas.

-No haberme dejado sin luz.







-Si me hubiera quedado yo a dormir, esto no hubiera pasado. –Me dijo Melanie burlándose de mí.

-Eres gafe. Me odias y quieres venganza.

-Es cierto. –Dijo cogiendo el paquete de patatas de golpe. –Pero yo hoy me quedaré a dormir aquí quieras o no quieras.

-Ups… -Dije de acordándome de una cosa y poniéndome la mano en la boca. –Me parece que hoy tampoco podrá ser…

-¡Hoy será! –Me amenazó cogiéndome por el cuello de la camisa. –Que escusa se te ha ocurrido ahora.

-No es ninguna escusa. Mañana mi hermano tiene uno de sus aburridos partidos de futbol y me exige que vaya.

-¿Y…?

-Es por la mañana. Hay que madrugar.

-Como si eso fuera problema mío. –Dijo despreocupándose. –Yo suelo madrugar; eres tu la que se despierta a la hora de comer. Además, te acompañaré al partido para que no te aburras tanto. –Me guiñó un ojo.

-Pero Mel… pero si no puedes mantenerte sentada en un mismo sitio más de cinco minutos. Además, el futbol no te gusta.

-Me da igual. Yo quiero quedarme a dormir. –Me amenazó con la mirada. –Además, a tu hermano no le importará, ¿Verdad?

-Le da igual… sinceramente no se porque me pide que vaya. –Me encogí de hombros. –Los tíos son raros.

-Si, si que lo son. –Se quitó los zapatos con los pies. -¿Me prestarás un pijama?

-¿Tanto te cuesta acercarte a tu casa y traértelo tu misma?

-Si, si que me cuesta. Vivo lejos y no tengo coche…

-¡Es bueno caminar!

-Pero no me apetece… -Me crucé de brazos. -¡Cady! ¡Por favor! –Se tiró encima mía. Mi respiración se cortó. -¡Te lo imploro!

-Vale.. ¡vale! –La empujé al suelo. –Pero aparta… eres una bruta, ¿lo sabes?

-Lo sé. ¿Qué hay para cenar?

-Aún no lo sé…

-¿Quién cocina? ¿Jack?

-¡No! Esta vez es capaz de quemarme la cocina…

-Pues lo hago yo hoy. –Levanté una ceja insegura. –Tranquila… te recuerdo que vivo sola y me cocino yo mi comida… además, la televisión de hoy en día me enseña.



Carcajeé. Supongo que no podía hacer nada para evitar que Mel se quedara a dormir. Al fin y al cabo, por la noche podría divertirme… otra cosa sería el despertar que tendría a la mañana siguiente.



Después de haber discutido sobre que canal poner, vino mi hermano. Nada más pasar la puerta, parecía divertido, pero puso su cara de horror cuando vio a Melanie tirada sobre el sofá.



-¿Aún seguís aquí? Está anocheciendo y es hora de ir ya a casa; las calles son peligrosas por la noche.

-¡Tranquilo Jack! Me quedo a dormir.

-¿Qué? –Me miró con cara de horror. –Eso se avisa, Cady.

-No molestará. Una vez que coge sueño no hace ruido.

-Pero también es mi casa. Además, mañana es el partido, necesito descansar.

-¡Pues eso! ¡Me quedo! Además, seguro que tampoco te enteras de que estoy aquí, Jack… tú ya me conoces.

-Por eso mismo lo digo. –Suspiró perezoso. –Me voy a mi habitación… por cierto. –Miró acusador a Mel. –Quiero privacidad.

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